Contexto

Ártico y Antártico: motores climáticos del planeta

 

Las zonas polares son las principales responsables del clima del planeta a través de su influencia en la generación y mantenimiento de las corrientes marinas que distribuyen las aguas frías en las diferentes latitudes. Los cambios que se producen en las zonas polares repercuten pues en todo el planeta, afectando directamente a la dinámica climática a otras latitudes y a los procesos climáticos globales.

Actualmente, las zonas árticas y antárticas están sufriendo cambios drásticos en su naturaleza debido a su alta sensibilidad al cambio climático. Esto se ve claramente reflejado, entre otros procesos, por la aceleración del deshielo de buena parte de sus glaciares,  una creciente fusión del permafrost, asi como cambios en la extensión del hielo marino. En el Ártico, estos fenómenos conllevan cambios medioambientales, que impactan en las sociedades residentes, en sus sistemas ecológicos y en el acceso a sus reservas naturales. La fusión del permafrost podría, de hecho, disparar las emisiones de metano y otros hidrocarburos de vida corta, con un devastador efecto de gas invernadero, retroalimentando, de esta manera, el actual incremento de temperatura de la Tierra. En la Antártida estos cambios ambientales podrían afectar a la diversidad y preservación de su biota y también modificar su papel en la regulación del clima global.

 

Explotación de zonas polares

 

En los últimos años, el interés de los paises en las regiones polares no sólo se ha restringido a las actividades puramente científicas, incrementándose también en aspectos geoestratégicos y económicos. Esto se debe, entre otras causas, a su situación geográfica, a la mejora en las posibilidades de acceso a sus recursos naturales, al turismo, a la pesca y al tránsito marítimo. Por ejemplo, en la Antártida, el actual número de visitas ronda los 30.000-40.000 turistas al año, realizándose esta actividad en grandes cruceros que llevan a cabo desembarcos puntuales en zonas de especial interés (p. Ej. Isla Decepción). La completa prohibición de la explotación de recursos naturales por el Tratado Antártico hasta, como mínimo, 2048 ha llevado a muchas empresas del sector a dirigir sus esfuerzos a la exploración y explotación de reservas de gas natural a altas latitudes del hemisferio norte, lo que ha añadido aún más presión a los ecosistemas árticos. España no esa ajena a estos intereses en las zona polares. De acuerdo con lo recogido en las Directrices para una Estrategia Polar Española, los intereses sectoriales de España en las zonas polares abarcan distintos ámbitos de actividad relacionados, tanto con la actividad extractiva como con las reservas naturales disponibles, las nuevas rutas navegables, la actividad comercial en las zonas polares y otros campos relacionados con el desarrollo de nuevas tecnologías.

Se ha demostrado, pero, que la explotación de los recursos en las zonas polares, ya sea la actividad turística en la Antártida, los almacenes de gas natural o la pesca en el Ártico tienen, o pueden llegar a tener, un impacto significativamente negativo en el medioambiente polar a corte, medio y largo plazo si estas actividades económicas no se realizan de forma sostenible. Esto conlleva  que se persiga su preservación por lo menos hasta que se adquieran los conocimientos científicos que garanticen una adecuada gestión de las zonas polares de forma sostenible y sin deterioro de su medioambiente.